Carta abierta a un adolescente

Querid@ adolescente:

Permíteme que me dirija a ti sin habérmelo pedido. Será solo un minuto. No te voy a dar un sermón, de esos que, si has tenido suerte y has compartido tiempo con adultos preocupados por ti, te habrán soltado más de diez veces. No. Lo que yo quiero decirte es otra cosa. Verás. Lo que quiero decirte es que la adolescencia es una etapa más de una larga serie de etapas en la vida. Que toda tu vida no va a ser siempre como ahora. Que en algún momento esta sensación de vacío, frustración o miedo desaparecerá y que te sentirás libre para decidir el camino de tu vida. Que con el tiempo entenderás las reglas de juego del mundo adulto y podrás jugar como los demás.

Quiero que sepas que quien tú eres en realidad no tiene que ver con las notas o rendimientos académicos que hayas cosechado o recibido en tu vida. Tanto si has sido un estudiante ejemplar, como si te has habituado a los suspensos y las repeticiones, me gustaría que supieras que tú no eres esas notas. Tú, el potencial que espera en tu interior, es enorme. Tienes toda la vida por delante, tienes tu potencial por desarrollar y tienes la energía y vitalidad para hacerlo.

Desde bien pequeños, en casa y en la guardería, hay unos adultos que deciden por ti durante muchas horas al día; después, en el colegio, se te ha pedido que hagas las cosas como los profesores te piden: desde rellenar el dibujo por el interior sin salirte, hasta memorizar determinadas fechas o aplicar algunas fórmulas de matemáticas. Y a esto lo hemos llamado educación y los mayores le hemos dado mucha importancia. Tanta que, quizá, te haya parecido que el resto de tu vida depende de aprobar exámenes. Y puede ser importante aprobar exámenes si quieres estudiar una carrera determinada; pero puede que no seas tú el que has fracasado, puede que el sistema educativo no haya sido capaz de reconocer el talento individual que tienes. Ahora, hay un psicólogo, que acaba de ser Premio Príncipe de Asturias, que ha desarrollado una teoría denominada de las inteligencias múltiples en la que refuta la idea general de que solo hay un tipo de inteligencia que puede ser cuantificada por un número. Ahora sabemos que hay varios tipos de inteligencia y que el sistema educativo sólo reconoce unas pocas de ellas. Así que quizá tu inteligencia sea de otro tipo. Howard Gardner, que es como se llama el psicólogo, indica que, como mínimo, tenemos ocho tipos diferentes de inteligencias: musical, cinético-corporal, lógico-matemática, lingüística, espacial, interpersonal, intrapersonal y de relación con la naturaleza. Si te fijas, en el instituto no valoran tu capacidad de empatía o comprensión con el otro o tu sensibilidad medioambiental o si eres un hacha en los deportes. La educación tradicional se fundamenta en la inteligencia lógico-matemática y lingüística. Durante toda tu vida ha habido adultos que han evaluado tus méritos y conocimientos sobre estas materias y tú has terminado teniendo una idea de ti basada en estos cálculos. Relájate, porque la vida es mucho más grande que el sistema educativo.

Durante toda tu vida te han dicho lo que está bien y lo que está mal, cómo hacer las cosas y qué debías hacer. La adolescencia es un periodo extraño porque de repente esos mismos adultos, sin más, te exigen que seas tú quien tomes las decisiones correctas (que son las que a ellos les parecen mejor). Te diré algo, los adultos no lo hemos hecho tan bien. No tienes más que ver qué mundo te hemos dejado: un mundo contaminado, sin grandes valores ni ideales, con pobreza y hambre y, ahora, con una crisis económica galopante.

Quiero que sepas que entiendo tu inseguridad, tu inconformismo e, incluso, tu pasividad. Cuando yo era joven, un sociólogo (de cuyo nombre no quiero acordarme) nos llamó la generación X. Éramos, según él, una generación perdida, sin valores, pasotas y hedonistas. Ahora os llaman generación ni-ni. Ni estudias ni trabajas. Puede que no sea tan mala idea (como una actitud rebelde a un sistema profundamente enfermo). Pero le pondría una puntualización, si me lo permites. No pierdas tu tiempo, porque la vida no espera. No formar parte de la masa para ser un peón más de los poderosos, puede ser una actitud digna, siempre y cuando sepas qué quieres hacer con tu vida y hacía donde te dirigen tus pasos. Porque la rebeldía no puede llevar como contrapartida la dejación de vivir. Tener objetivos es vital para vivir una existencia plena. Piensa, por favor, que tu presencia es valiosa y que necesitamos tu visión para progresar. Elije un objetivo, una pasión, un motivo por el que vivir y aférrate a él. La vida te está pasando ahora. No la hagas esperar.

Te necesitamos, seas quien seas que estás leyendo esta carta, te necesitamos. El mundo te necesita porque cada voz es única y tú estás aquí para unir tu voz al resto de la Humanidad y hacer de este mundo un hogar mejor para todos. No te creas que no es importante lo que pienses y sientas, ni consideres que tus ideas son utopías sin fundamento. Puede que ahora sean utopías, pero, quizá en el futuro sean las bases de una nueva realidad.

Y ahora, ámate profundamente, porque con tus sueños construiremos un futuro mejor.

 

 

Extracto de una Educación Integral: El bebé de 0 a 3 años

Acompañar el proceso de crecimiento de un ser humano hace que nos encontremos (sobre todo si somos padres y madres primerizos) con momentos de incertidumbre, desánimo o dudas. Durante los primeros años del niño, el bebé se ocupa de crear su identidad, saber quién es. Y en este proceso, que será clave para su vida futura, los padres jugamos un papel fundamental. Os dejo un extracto de "Una Teoría de Educación Integral", libro aún no publicado, por si puede servir de guía a las personas que acompañan el nacimiento de un nuevo ser humano.

Parece que el narcisismo es uno de los rasgos característicos de la primera infancia. Como asegura Wilber, “el proceso de desarrollo de la conciencia puede ser considerado como una disminución progresiva del egocentrismo. El niño pequeño se halla fundamentalmente encerrado en su propio mundo, ajeno tanto al entorno que le rodea como a la mayor parte de las interacciones humanas. En la medida en que van consolidándose la fortaleza y las capacidades de su conciencia, va cobrando simultáneamente conciencia de sí y de las personas que le rodean, hasta llegar finalmente a desarrollar cualidades con las que no nace -como el cuidado, la compasión y el abrazo integral generoso- que le permiten ponerse en el lugar de los demás."

Según Margaret Mahler, el nacimiento biológico del infante humano y el nacimiento psicológico no coinciden en el tiempo. “El primero es un acontecimiento espectacular, observable y bien circunscrito; el último es un proceso intrapsíquico de lento desarrollo". "Denominamos al nacimiento psicológico del individuo al proceso de separación- individuación: el establecimiento de un sentimiento de separación respecto de un mundo de realidad, y de una relación con él, particularmente con respecto a las experiencias del 'propio cuerpo' y al principal representante del mundo tal como el infante lo experimenta, el 'objeto primario de amor', la madre. Este proceso, como cualquier otro proceso intrapsíquico, se manifiesta a todo lo largo del ciclo vital. Nunca termina; sigue siempre en actividad; en nuevas fases del ciclo vital observamos cómo actúan aún nuevos derivados de los procesos más primitivos. Pero los principales logros psicológicos de este proceso ocurren en el periodo que va del 4° o 5° mes a los 30 o 36 meses, lapso que denominamos 'fase de separación- individuación".


Las fases por las que atraviesa un niño entre los 0 y los 3 años son las siguientes:

1. Fase autista (0-1 mes). «En las primeras semanas de vida extrauterina, el neonato se comporta como un organismo meramente biológico cuya respuesta instintiva a los estímulos es casi exclusivamente refleja. Durante esta fase sólo podemos hablar de un aparato egoico primitivo y no integrado, de mecanismos de defensa puramente somáticos y de reacciones de desbordamiento y descarga que cumplen con la única función de recuperar el equilibrio homeostático. En este estadio, no existe discriminación alguna entre exterior e interior. Mahler se refiere a este estadio como un «sisterma gonádico cerrado”, una matriz primordial indiferenciada.

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